sábado, 9 de diciembre de 2017

El barco de papel

Caminando paso a paso,
en tan peculiar sentido,
después de un mínimo lapso,
alguien grita en mis oídos.

Nuestra lengua es de cristal,
es un barco de papel,
mar que se agita y se calma,
y aunque llueva tengo sed.

Ignoro quién me lo dijo,
quizás fue premonición,
he visto nacer la luna,
en las pupilas del sol.

Lento alumbra el poema,
por los vasos de la mente,
y aunque luego me arrepienta,
ya es tarde, se lo lleva la corriente.

Desde la nada que fue,
se ha empapado de ilusión
expresando su silencio
cuando el papel se mojó.
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martes, 5 de diciembre de 2017

El mal de amores

Era tan dura su vida,
que en sus oraciones,
pedía siempre, ¡¡morir!!
para ella el tiempo era un suplicio.

Tenía una enfermedad cruel,
el mal de amores,
una tortura que le partía el corazón,
no tenía fuerzas ni para maldecir.

Nadie entendía que sufriera tanto
por un amor imposible,
es como si el deseo se impusiera a su voluntad
quería morir y su cuerpo se negaba.

Se había metido en el túnel oscuro de la mente,
y no encontraba la salida,
los recuerdos devoraban su existencia,
y su alma pedía clemencia.

A su corazón le suenan hasta los huesos,
que terrible es, mantenerse en pie,
el recuerdo de sus besos,
sepultan su amanecer.
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viernes, 1 de diciembre de 2017

En el limbo del olvido

En el limbo del olvido,
como un objeto perdido,
en las tinieblas del cielo,
se oye un eco prisionero.

De un grito ahogado,
en el inhóspito futuro,
sigo siendo atormentado,
por mi pasado oscuro.

Yo soy triste desde siempre,
siempre fui muy negativo,
que el eterno retorno, me contemple,
esculpiendo un pensamiento afirmativo.

En el limbo del olvido nos permiten estar juntos,
escuchar con los ojos de los ciegos,
y conversar con los difuntos,
en las ceremonias secretas del maldito ego.

Una pequeña llama alumbró la aurora,
luces de invierno en el templo del anhelo,
deseando tú regreso ahora,
me permite recordar que existe el cielo.
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lunes, 27 de noviembre de 2017

Amores ciegos

Amor, amor, que ciego estuve,
me dejaste tan lleno de amargura,
que a la sombra siniestra de una nube,
mis ojos cruzaron el umbral de la locura.

Diré que soy preso por amar a ciegas,
por amar sin sentido,
porque vivo y gozo cuando juegas,
en el aire mundano de cupido.

Quiero volar al amor de tus anhelos,
desoyendo el qué dirán,
y es que tu ausencia es mi fuego,
y mi alma un vendaval.

El crepúsculo va exhibiendo su belleza,
¡Ay cielos!,  el eco se queda mudo,
al contemplar tu desnudo,
que ha robado la sonrisa a la tristeza.

Confieso que nací para quererte,
fue la razón de mí existir,
el día que no pueda verte,
para que quiero vivir.
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jueves, 23 de noviembre de 2017

Desde el balcón de la nada

Aquellos ojos inmensos,
las dos ventanas del alma,
destellos de un cielo azul,
que arde con su mirada.

Su ciega luz se desploma,
desde el balcón de la nada,
cuando miramos al mundo,
y no tenemos palabras.

Un asedio de preguntas,
con interrogantes claras,
-si tú eras el espejo,
donde me miro la cara-

¿Porque oscurece el día,
siendo la noche tan clara?,
¿dónde está tu cielo azul,
para ahuyentar mi nostalgia?

La soledad se perfila,
cuando abro mi ventana,
ese frío que me acaricia,
no evita el llorar sin lágrimas.

Un rumor de caracolas,
un instante de la infancia,
el viento me lleva a tí,
aún recuerda tu fragancia.
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domingo, 19 de noviembre de 2017

El bosque encantado

El otoño incendia el bosque, mutan los colores,
suben por las ramas de hayedos en flores,
y en sus hojas muertas rojas y cobrizas,
palpitan sus llamas al son de la brisa.

Luz de la conciencia de excelsa alegría,
explosión de fuego, tiernas melodías,
nostalgias que se consagran al caminar,
plumaje de encanto del pavo real.

El bosque encantado por genios y hadas,
alumbra en los cuerpos venturas de amor,
hechiceras malvadas,
deslumbran las almas y causan pavor.

Lenguas de fuego de sangre humana,
miradas abriéndose, vibran al sol,
rumor de vida de sus vientre emana,
el amor desgrana a vírgenes en flor.

Maduró el estío a toda prisa,
el otoño se viste para la ocasión,
de pronto despierta la efímera brisa
¡oh milagro!, cada hoja es una flor.
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Flor de otoño

jueves, 16 de noviembre de 2017

La casa rural

Hacía tiempo que no tomábamos vacaciones y nuestros cuerpos se estremecían, así que decidimos cogernos unos días en un lugar tranquilo.
Para ello alquilamos una casona solitaria en las afueras de un pueblo muy pintoresco, pertenecía a una de las familias más adineradas de la villa.
Carol había gestionado el alquiler y el precio conseguido parecía una ganga, según le dijeron en la agencia, la familia había caído en desgracia y sobre ellos se había filtrado el misterio.
Poco antes de llegar nos avisaron que no iban a recibirnos por causa de un accidente y que las llaves estaban escondidas en un macetero ubicado a la entrada del porche, por si surgía  algún problema nos facilitaron un número de contacto.
Llegamos al lugar cuando el sol se escondía por el horizonte y sus rayos parecían señalar tres cruces de maderas clavadas en un montículo cercano a la casa. (Cruzamos los dedos por si acaso)
No tardamos en encontrar las llaves y al abrir la puerta se levantó una ligera brisa, más tarde comprobamos que se trataba de una ventana abierta, pero antes encendimos la luz y quedamos alucinados, aquello era una mansión lujosísima, una preciosidad, algo maravilloso, a mi chico Fer (Fernando) le encantan las sorpresas y yo tenía que dársela quería celebrar el quinto aniversario de nuestro primer encuentro y lo había conseguido, (Fer), gracias cariño, Carol, felicidades amor.
Estaban admirando la estancia cuando de pronto  apareció una mujer alta y bien parecida con una espada en la mano, de un tajo le rebanó la cabeza a Carol, (Fer) gritó ¡¡¡Nooooonoooooooooo, Dios mío, noooonooooooooooo!!! Las lágrimas caían de sus ojos como un torrente, el pánico se apoderó de él, comenzó a temblar y se desplomó.
Al cabo de un tiempo dio en sí y  observó en la obscuridad reinante la luz de una vela, a medida que se acercaba iba iluminando el recinto, de pronto Fer quedó desconcertado y sorprendido, la vela estaba en medio de una tarta enorme que llevaba Carol, -felicidades cariño, esto hay que celebrarlo-  Fer la miraba con ojos de delirante sorpresa,  tenía ganas de gritar y descargar su angustia, él se preguntaba ¿cómo era posible que estuviese vivita y coleando si había visto rodar su cabeza?, sin poder comprenderlo trató de tranquilizarse y poco a poco se fue relajando, al fin sonrió, me has dado un susto de muerte, me dio un beso en cada mejilla y salió de la casa.
-Han pasado cuatro años y aún no he conseguido localizarlo-
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